Benedicto XVI renueva los “lazos de amistad” con el primado anglicano.Buscaron fortalecer el diálogo ecuménico, pese a que mantienen diferencias sobre cuestiones eclesiales como la ordenación sacerdotal de mujeres y de homosexuales, y los sacerdotes casados
En el programa “Ratones Coloraos” de Canal Sur Televisión, fue entrevistado por el periodista Jesús Quintero el ex-sacerdote de Valverde del Camino, José Mantero, el cura que protagonizó una gran polémica por haber expresado abiertamente ante la opinión pública su condición de homosexual, estando aún en el seno de la Iglesia. Sus declaraciones en dicho programa, sin lugar a duda tuvieron que haber levantado una gran polvareda en los círculos eclesiásticos, y debieron asombrar o escandalizar a otras entidades o colectivos sociales. Partiendo de la base de que cada cual puede hacer de su capa un sayo, hay que decir que sus declaraciones, a juicio de muchas personas, no debieron ser de lo más exquisitas. El ex-cura, arrasó verbalmente con todo lo que encontró a su alcance, y se despachó a su gusto. Aún así, no hay que dejar de reconocer en él una gran bravura cuando decidió hace ya bastante tiempo anunciar con toda libertad su homosexualidad. Pero a mi modo de ver –y esto es sólo mi opinión personal-, todo el reconocimiento o admiración que la sociedad mostró hacia su valentía, lo debió perder en esa desafortunada entrevista. Los derechos que se pretenden conquistar, no se consiguen de esa forma.Pero lo más delicado de lo que uno puede hablar, es de sus intimidades; y él lo hizo, echando por tierra la seriedad y la credibilidad que ante lo opinión general parecía tener cuando se declaró homosexual, y con la que todo el mundo lo ha mirado siempre, reconociendo su arrojo ante la sociedad. Y digo esto, porque entró al trapo de las pícaras preguntas que le hacía el “Loco de la Colina” que le interrogó sobre si era “muy loca en la cama”. No hacía falta contestar a esa provocación, pero él lo hizo diciendo; “que más que loca era un ardiente amante”; o algo así, que ahora no recuerdo bien. Tan sólo habría bastado con reafirmarse en sus convicciones, con seriedad y elegantemente, sin despecho ni venganza, dejando caer con sensatez la pelota y el problema en cuestión, en el tejado de dicha institución eclesial, para que con el paso del tiempo, hombres como él, no tengan que sufrir lo que él ha sufrido por el desprecio al que ha sido sometido con la suspensión de su ministerio sacerdotal, por ser de diferente inclinación sexual que otros hombres. Pero… así son, y están las cosas.
Señores, la polémica está servida. ¿Obró bien y con ecuanimidad la Iglesia en este caso? ¿Aceptaría la sociedad actual a sacerdotes homosexuales? ¿Accederá algún día la Iglesia católica a la ordenación de mujeres sacerdotes o curas casados? ¿Perjudicaría o no, esa apertura, a la vieja institución católica?
No pretendo con este escrito sino dar mi opinión libre, abierta y respetuosamente sobre lo que oí en aquella entrevista. Ahora, si lo creen oportuno, sírvanse ustedes meditar de la misma manera, siempre desde el respeto al colectivo de gays y lesbianas, y al tema sobre la homosexualidad en la Iglesia. El asunto, amigo lector, es peliagudo y de compleja solución, pero no deja nunca de ser interesante y constructivo el debate como instrumento válido para el desarrollo y apertura de las mentes, pues al conocer las opiniones de los demás, sin duda se enriquecerán nuestras opiniones y nuestras mentes.








