EL TIEMPO EN ESTEPA

EL TIEMPO: PREVISIÓN METEOROLÓGICA PARA ESTEPA

lunes, 9 de enero de 2012

LAS CONTRADICCIONES EN EL DISCURSO DEL SEÑOR RAJOY

RAJOY: DONDE DIJE DIGO, 
DIGO DIEGO
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¡Sí señor!
"Al parecer, el caballero Rajoy tiene un complejo problema de locuacidad en la lengua  –no sólo en el frenillo –, que le traiciona a él, y él traiciona a sus votantes"




Resulta que durante toda la cansina y belicosa campaña electoral de acoso y derribo al infortunado y hostigado señor Zapatero y al candidato Rubalcaba, el “señor de los hilillos” se mantuvo columpiándose en la ambigüedad sin soltar prenda  en ningún momento respecto a las medidas restrictivas con las que nos iba a “zumbar” y “dar caña” en cuanto entrara por las puertas de la Moncloa y formara  su Gobierno.
También calló entonces con habilidad su frenética y “enfrenillada” lengua respecto a la urdida política de recortes sociales que ya nos tenía ocultamente preparados para cuando se hiciera con el poder, resultando que: donde dijo digo, ahora dice Diego.
Y  cínicamente, quédase tan pancho sin rubor ni vergüenza por lo que ha hecho. Ahora cuando ocupa el primer puesto del banco azul, las decretadas, dice que son medidas muy necesarias; pero cuando dichas medidas fueron tomadas  –a pesar de su impopularidad–, por el entonces presidente Zapatero, don Mariano y su séquito de aduladores en el Congreso, no cesaban de criticarlas con toda ferocidad y contundencia.
Entonces, ¿en qué quedamos, don Mariano?

Si ustedes recuerdan, en el debate televisivo mantenido días antes del 20 de noviembre con Rubalcaba, el señor Rajoy, por más que era instado por su rival una y otra vez, a “descubrir sus cartas” en materia de pensiones, congelación salarial a los funcionarios, subidas del peaje de las autopistas, del metro, del gas ciudad, del IVA, el IRPF, el IBI y otros impuestos, recortes sociales en sanidad, educación etc., nunca soltó prenda sobre cuales serían sus intenciones. Y ya las sabemos.
Ahora, subidas y más subidas; pero antes, siempre mantuvo la boquita hábilmente muy bien cerrada para no “espantar” al respetable personal  –entiéndase electorado–, que andaba ojo avizor y muy mosqueado, esperando conocer las “brillantes” ideas del nuevo e “iluminado” adalid conservador de la política española, y salvador de la patria.
Y le salió bien la estratagema de "en boca cerrada no entran moscas", ya que después de ganar las elecciones, se ha descubierto “el pastel oculto” que nos tenía preparado, resultando ser sus ideas no iluminadas, sino bastante oscuras y perniciosas para los ya escuálidos bolsillos y la economía de los de siempre: los ciudadanos de a pie, clase media y trabajadora; pues donde antes dijo digo, ahora dice Diego, engañando a aquellos españoles que le han votado.
Sus propios electores y partidarios se sienten defraudados, y muestran ya su descontento con la política que no ha hecho más que empezar a aplicarnos Rajoy, y así lo expresan en aquellas televisiones que publican los SMS que envían sus espectadores, así como en diferentes medios de comunicación. Ha traicionado pues, despreciablemente, no sólo a aquéllos que no le hemos votado  
–que ya esperábamos este regalito navideño–, sino a sus propios votantes y simpatizantes.
En fin, así están las cosas. Es cierto que aún es pronto para valorar a este Gobierno y a su presidente de directrices –igual que Zapatero–, dictadas desde otros países europeos. Hay que dejar pasar el tiempo para ver si la política conservadora que aplica el Partido Popular surte el efecto que Rajoy pretende, pero la famosa prima de riesgo sube, y desafortunadamente, también la lista de personas paradas.
A ver que hace ahora don Mariano. Aunque está muy clarito: sus ideas son reducir el déficit sacándonos a los españoles las “perrillas”.
Para ese viaje, no necesitamos alforjas, señor lumbreras.

Cuando el Gobierno anterior tomaba medidas de ajustes y austeridad y las explicaba, los escaños de la derecha del hemiciclo ardían de furor convirtiendo las suaves alfombras del Congreso de los Diputados en dura arena del Coliseo de Roma, donde los pétreos leones que guardan sus puertas parecían entrar adentro a perseguir, y devorar con sus fauces al infeliz de Zapatero que como Espartacus, tridente y gladius en mano, debía afrontar además del espectáculo de circo y sangre, los zarpazos de las fieras que acechaban en los escaños; así como también los furiosos ataques 
–por fortuna dialécticos–, del  astuto y feroz gladiator Marianus Máximus Hispanus.

¡Ave, César Marianus, los que van a sufrir te saludan!

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