“LA BATALLA DEL MADROÑO”
ENTRE CRISTIANOS DE LA FRONTERA,
Y MOROS DEL REINO DE GRANADA
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(Primera parte)
Enterado por sus vigías de esa estrategia e incursión mora contra la fortaleza estepeña y sus campos, el alcaide del castillo de la cercana villa de Osuna, don Luís de Pernia, supo de cierto cómo Muley Hacén con mucha de su gente de la casa real de Granada había invadido tierras cristianas de la frontera, y acude entonces cabalgando presurosamente hasta el castillo de Marchena, lugar donde vivía -y por esos días se hallaba reponiéndose de una enfermedad-, el conde de Arcos, y su joven hijo de dieciocho años, el marqués de Cádiz, Rodrigo Ponce de León.El dicho esforzado vasallo y alcaide de Osuna, informa a su señor don Juan el conde de Arcos, de la correría mora y sus destrozos, y enterado su hijo Rodrigo, pide a su padre acudir con las tropas que pueda reunir, a defender el castillo de Estepa y sus territorios, para acometer y dar batalla al moro invasor, pues “su deseo era muy grande de se fallar en alguna batalla peleando contra los moros ynfieles” aduciendo en su favor el joven marqués, que “era un cavallero muy devoto de nuestra señora la virgen Maria secretamente. Ante la qual ymagen cada dia dos vezes el facía una muy devota oracion. Pidiendole por merced le quisiese complir aquel deseo que tenia. E un dia estando enesta oracion, le aparecio nuestra señora la virgen maria visiblemente y le dixo:
E quando esto oyo el marques de cadiz don rodrigo ponçe de leon. quedo Con muy grand gozo y alegria. y llorando de sus ojos las rodillas puestas en tierra. dixo:
Creyéndose seguro y amparado por la protección divina, pide a su padre la aprobación para entrar en combate, diciéndole:
-“Sabed señor que el rey de granada es entrado a correr esta tierra con quatro mill de cavallo y mas de diez mill peones”.
-”Avuestra merced suplico me faga tanto bien. Y tan señalada merced pues que tanto es servicio de dios. alegremente me de liçençia. non rescibiendo enojo por ello”.
E el conde le respondio aunque asaz flaco estava. “O fijo mio don Rodrigo. yo mucho enorabuena. y faced commo quien soys. y mirad el linaje donde venis. E la bendición de dios y la mia vaya con vos”. "Y don rodrigo ponçe de leon con grande alegria puestas las rodillas en tierra le besó las manos y se despidio".
Después de obtenida la licencia y bendición de su padre para ir al encuentro ofensivo contra los moros atacantes, el marqués de Cádiz mandó repicar las campanas y escribió sendos mensajes que envió a los castillos de Morón de la Frontera y de Osuna, para que acudieran hombres a prestar refuerzo militar para hacer frente con bien a dicha empresa. Él, por su parte, en su castillo de Marchena hizo una leva entre sus hombres y vasallos, reuniendo trescientos setenta jinetes a caballo a los que mandó ataviarse de cuantos pertrechos fueran menester; que no les faltase cosa alguna y que herraran bien a sus caballos. Además logró reunir quinientos peones de infantería; todos ellos -jinetes y peones-, gentes muy escogida y con buena disposición y ganas de entrar en combate
Estos preparativos se llevaban a cabo unas dos horas antes que el sol se pusiera, y la hora de la salida de la tropa sería sobre las ocho o las nueve de la noche, en que todos juntos partieron de la villa de Marchena para tomar el camino hacia el Este hasta las tierras de Estepa.
Y cuentan que llevaron tan buena marcha que a ella llegaron al amanecer, cuando sólo les faltaban dos leguas para alcanzar las cercanías del río de las Yeguas, lugar donde en la falda de la sierra, -entre El Puntal y La Roda de Andalucía-, se hallaba acampado y reposando el ejército moro, ajeno al peligro que les acechaba.Y allí cerca sin ser oídos ni vistos, la tropa cristiana dejó descansar más de tres horas sus caballos y hombres de la dura caminata nocturna, restableciendo las fuerzas para la pelea que se avecinaba.


















