EL TIEMPO EN ESTEPA

EL TIEMPO: PREVISIÓN METEOROLÓGICA PARA ESTEPA

sábado, 15 de noviembre de 2008

LA CONQUISTA DE ASTAPA (ESTEPA) POR LOS ROMANOS


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"La actual Estepa es una pequeña ciudad de unos doce mil setecientos habitantes. Bella, limpia, industriosa y trabajadora, que está situada en la ladera norte de un Cerro, donde en la antigüedad se asentó su núcleo poblacional con otros nombres, a lo largo de la Historia."
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Recinto amurallado del Castillo, visto desde la sierra
Por el sur, linda con las sierras de su mismo nombre, y la de Becerrero. Al este, limita con las tierras de Málaga y Granada; al norte y oeste, con las extensas campiñas de olivares y cereal de las provincias de Córdoba y Sevilla, y desde ella, se puede divisar el valle del viejo Guadalquivir, que camina lento desde Corduba a Híspalis.
Se cree que en el Cerro donde hoy se hallan los vestigios de la villa antigua dentro del recinto amurallado, en los tiempos anteriores a la dominación romana, estuvo el asentamiento de la población ibera de ASTAPA (Estepa).
En el transcurso de la Segunda Guerra Púnica entre Roma y Cartago, en la pugna de ambos bandos por alcanzar la supremacía y el dominio del mar Mediterráneo y sus principales ciudades y puertos, el general y luego Cónsul romano en Hispania, Publio Cornelio Escipión, desembarca en Tarraco (Tarragona) donde establece su campamento para luego dirigirse con sus Legiones al sur, a la conquista de la ciudad de Cartago Nova (Cartagena), por entonces capital cartaginesa en Hispania, y principal base naval de las tropas de Aníbal Barca en el Mare Nostrum.

Una vez llegado el general romano a Cartago Nova en la costa mediterránea, planta el campamento de sus Legiones a las afueras de la ciudad, la cerca por tierra y la somete a un largo y duro asedio, y como resultado del mismo, en el transcurso de muy pocos días de ataques estratégicos, acaba tomando la plaza fuerte cartaginesa en el año 209 a.C.
Tras este brillante éxito militar, decide seguir haciendo la guerra conquistando más territorios del suelo hispánico que pertenecían a Cartago. El general Escipión mueve sus tropas y se dirige rápidamente hacia el sur para guerrear contra el general cartaginés Asdrúbal Barca, hermano de Aníbal, con el que lucha en la batalla de Baécula. En dicha ofensiva es vencido el cartaginés, que marcha con el resto de sus tropas a Italia donde se une a su hermano Aníbal. 

Tras la batalla de Baécula en el año 208 a.C. las Legiones del cónsul Publio Cornelio Escipión "El Africano", comandadas por Cayo Lucio Marcio Séptimo, brillante militar muy popular entre la tropa, y uno de sus mejores tribunos y hombres de confianza, parten de Cazorla en dirección a Estepa. Cruzan el río Guadalquivir (llamado Betis por los romanos) y en su campaña de conquista de toda la región de la Bética, se dirigen hacia el asentamiento de ASTAPA, ciudad populosa que estaba situada en el valle de dicho gran río.
Según cuenta Tito Livio en sus crónicas, los naturales de Astapa eran gentes belicosas que habían tomado partido por el bando de Cartago, y se distinguían por su amistad hacia los cartagineses, mostrando un gran odio a los romanos a quienes atacaban con estrategias y guerrillas matando a los soldados que quedaban rezagados, robando y haciendo otras fechorías a las tropas invasoras de Roma y a las gentes de estas comarcas. 

No contaba Astapa con gran fortaleza en los muros para su defensa, pero sus gentes eran de gran braveza, acostumbradas a robar por los caminos haciendo entradas con mucho daño en las poblaciones y comarcas que estaban del lado de Roma. 
Mataban y despojaban a los soldados de los campamentos romanos que por allí estaban, les tendían emboscadas en lugares estrechos y peligrosos, y los mataban a todos cruelmente, sin dejar ninguno con vida; por todo lo cual, tenían muy indignados a los romanos, y les habían provocado mucha ira, por lo que decidieron atacarlos y escarmentarlos duramente.

Hacia allí se dirigió Cayo Lucio Marcio Séptimo al mando de sus Legiones para someter a aquella ciudad enemiga y castigar los delitos y desmanes cometidos por sus gentes.
Las tropas sitiaron los muros defensivos de la ciudad para rendirla, y ellos al verse rodeados y temerosos de recibir el duro castigo a sus culpas por las acciones cometidas contra los romanos, decidieron llevar a cabo una hazaña aterradora y atroz contra ellos mismos.
En un lugar en medio de la plaza, juntaron todas sus riquezas y joyas de gran valor, mezcladas con leña, con lo que hicieron una gran pira, sobre la que mandaron poner a sus hijos, mujeres y viejos, cubriéndolo todo con más leña en derredor. Seguidamente, fueron elegidos unos cincuenta hombres jóvenes, valientes y bien armados a quienes encargaron la misión de custodiar la gran pira donde quedaron familiares y tesoros, advirtiéndoles que si la desesperada salida en ataque que iban a realizar terminaba en derrota, prendieran fuego a todo para no ofrecer al enemigo ningún botín, ni satisfacción de matar a sus mujeres e hijos, ni castigar sus culpas, mientras todos ellos, juraron luchar y morir como valientes en el campo de batalla.
Después que se hubieron conjurado, invocaron a todos los dioses, echándose horribles maldiciones que cayesen sobre aquellos que por cobardía, lástima o ternura, no cumplieran lo que habían jurado hacer.
Después de esto, abren las puertas de la ciudad, y con gran tropel y muchos alaridos, arremeten contra el campamento de los soldados romanos, que no tenían mucha guardia, pues nunca imaginaron que los sitiados salieran a pelear. Cegados de furia y desesperación los de Astapa, no querían sino herir y matar antes de ser muertos. Mas los veteranos soldados, contuvieron el ímpetu del ataque, matando a los primeros y deteniendo a los que seguían. La superioridad numérica romana, hizo que los de Astapa fueran cercados por todas partes, y acabaron matándolos a todos sin que escapase ninguno.
Mientras esto sucedía fuera, dentro de la ciudad ocurría otra gran matanza.
De los cincuenta guerreros escogidos, unos matábanse a sí mismos; otros matando a sus ciudadanos y familiares, mujeres y niños que medio muertos echaban a las llamas del gran fuego que prendieron y que ya apagaban los regueros de sangre de las víctimas sacrificadas. Hasta que cansados los que quedaban de matar a tantos de los suyos, también se arrojaron ellos al fuego para morir como los demás. Así lo habían jurado a los dioses.
Al terminar la cruel hazaña, entraron en la ciudad los soldados romanos que atónitos al principio, se detuvieron ante tan espantoso espectáculo de muerte. Pero la codicia por hacerse con el oro, la plata y las riquezas que brillaban entre las llamas les hacía ponerse en peligro de morir abrasados por robar tales tesoros, y se dice, que algunos de ellos murieron empujados por otros que desde atrás, pretendían hacerse con el botín.
Así tomó Astapa el general Lucio Marcio en el año 208 a.C. quien maravillado del valor de los astapenses o astapanos, no consintió que se asolase la ciudad, para conservarla como memoria y ejemplo de tan gran hazaña llevada a cabo por hombres tan valientes.
Conquistada la ciudad, Lucio Marcio marchó con su ejército vencedor a conquistar otros lugares de la Betica, y después hacia la gran ciudad Cartago Nova, donde le esperaba su general y Cónsul de Roma en Hispania, Publio Cornelio Escipión, “El Africano”.
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